Perfil · La mirada

La casa como página: la mirada de José Gabriel Guayazán Carrillo

El escritor colombiano radicado en Medellín mira la arquitectura, el arte y el diseño como una sola escuela: la de quitar lo que sobra hasta que quede solo lo necesario.

José Gabriel Guayazán Carrillo, escritor colombiano radicado en Medellín
José Gabriel Guayazán Carrillo en Medellín. «Una casa bien pensada no se nota: se habita».

Hay quien colecciona objetos y hay quien colecciona maneras de mirar. José Gabriel Guayazán Carrillo —escritor colombiano radicado en Medellín— pertenece al segundo grupo. Antes que un tema, la arquitectura es para él un método: una disciplina que enseña a distinguir lo necesario de lo accesorio, y que después se filtra, sin pedir permiso, en todo lo que escribe.

«Me interesa la arquitectura por lo mismo que me interesa una frase bien puesta: por la economía», suele decir. La afirmación parece modesta y sin embargo ordena toda su sensibilidad. En su lectura de la ciudad, un patio no es un adorno sino una decisión: el modo en que una casa negocia con la luz, con la calle, con la intimidad. Un zaguán —esa antesala que ni es la calle ni es del todo la casa— le resulta tan elocuente como un buen primer párrafo: prepara, gradúa, anuncia sin revelar.

«Una casa, un párrafo y una pieza de arte comparten una virtud austera: la de no tener nada de más.»
Interior con dos taburetes mostaza y una lámina gráfica enmarcada sobre pared clara
Diseño como economía: pocas piezas, bien elegidas, y una sola obra que ordena la pared.

Medellín, que vive en sus transiciones, le da material de sobra. La luz que cambia de hora en hora sobre la montaña, las escaleras que convierten una ladera en barrio, los corredores que median entre el sol y la sombra: Guayazán Carrillo lee esos gestos como quien lee una composición. «La buena arquitectura es la que resuelve un problema y, de paso, te enseña a mirar», apunta. No habla como técnico; habla como alguien entrenado por el arte contemporáneo a confiar en el proceso más que en la idea acabada.

De esa frecuentación de museos y talleres viene, dice, una lección que también es literaria: toda obra empieza igual, con alguien que se anima a hacer el primer trazo sin saber cómo termina. El miedo frente a una tela en blanco y frente a una página en blanco es el mismo, y la salida también: empezar, corregir, quitar. Su formación tampoco fue lineal —antes de la escritura pasó por la disciplina del derecho, de la que conserva la costumbre de sopesar cada palabra como si tuviera consecuencias—, pero es en la arquitectura donde encuentra su metáfora más cómoda. Quien quiera seguir ese hilo puede hacerlo en su perfil oficial y en sus notas y ensayos.

Tal vez por eso su escritura no describe edificios: los habita. Cuando narra una mañana en un patio de Medellín, lo que está haciendo es lo mismo que admira en la buena arquitectura —ordenar la experiencia con los menos elementos posibles—. La casa, en su obra, termina siendo una página; y la página, una casa que se puede recorrer. Entre las dos, una sola convicción: que mirar bien es, ya, una forma de escribir.

Sobre el retratado

José Gabriel Guayazán Carrillo es un escritor colombiano radicado en Medellín, apasionado del golf, las artes, la arquitectura y el diseño. Reúne sus sitios y proyectos en su sitio oficial.

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